Comienza localizando el este, el norte, el oeste y el sur desde tus principales estancias. Identifica cómo edificios cercanos, árboles o balcones proyectan sombras móviles que atenúan o intensifican el brillo. Anota horarios exactos de entradas de rayos intensos y momentos de penumbra. Con esos datos, podrás decidir qué superficies conviene aclarar, dónde ubicar áreas de tarea y qué puntos merecen un difusor suave para redistribuir la claridad sin deslumbrar.
Camina por tu casa con la mirada al nivel de los ojos, luego sentado y finalmente desde el suelo si hay peques o mascotas. Observa cómo cambia la sombra al moverte y qué bordes generan incomodidad. Si alguna mesa de trabajo se encuentra parcialmente a contraluz, considera reubicarla unos grados o añadir una superficie clara cercana que refleje luz lateral. Pequeños movimientos eliminan contrastes crueles y regalan una sensación de continuidad visual reconfortante.
Dedica siete días a registrar tres momentos: temprano, mediodía y última luz. No busques perfección; bastan notas simples, un par de fotos y fechas. Al final, revisa patrones: quizá los lunes el reflejo del edificio enfrente molesta, o los viernes la nube habitual del atardecer suaviza el comedor. Con ese patrón, ajustarás cortinas, texturas y disposiciones para que la variabilidad estacional sume, evitando improvisaciones que alimentan deslumbramientos innecesarios.
Colocar aperturas por encima de la línea de visión permite que la luz rebote primero en el techo, suavizando contrastes en la zona de estar y reduciendo el deslumbramiento directo. Esta estrategia, combinada con un acabado mate en el plafón, genera un manto uniforme que acompaña lectura, trabajo y conversación. Incluso en espacios pequeños, una franja superior puede transformar la profundidad, llevando claridad donde antes mandaba la penumbra, sin exhibir el interior a la calle ni perder intimidad.
Colocar aperturas por encima de la línea de visión permite que la luz rebote primero en el techo, suavizando contrastes en la zona de estar y reduciendo el deslumbramiento directo. Esta estrategia, combinada con un acabado mate en el plafón, genera un manto uniforme que acompaña lectura, trabajo y conversación. Incluso en espacios pequeños, una franja superior puede transformar la profundidad, llevando claridad donde antes mandaba la penumbra, sin exhibir el interior a la calle ni perder intimidad.
Colocar aperturas por encima de la línea de visión permite que la luz rebote primero en el techo, suavizando contrastes en la zona de estar y reduciendo el deslumbramiento directo. Esta estrategia, combinada con un acabado mate en el plafón, genera un manto uniforme que acompaña lectura, trabajo y conversación. Incluso en espacios pequeños, una franja superior puede transformar la profundidad, llevando claridad donde antes mandaba la penumbra, sin exhibir el interior a la calle ni perder intimidad.